Silencio - Fotoensayo - María Tudela
- maritube
- 28 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Si tan solo lo entendemos como la ausencia de ruido, empezaré afirmando que no existe, porque aunque subamos a la montaña más alta y solitaria del mundo, o nos atrincheremos en una habitación insonorizada, aun bajo esas condiciones, incluso así, oiríamos nuestro latido, que no es otra cosa que ruido, o lo que es lo mismo, el sonido que hace el movimiento de la sangre al entrar y salir de nuestro corazón.
Sin embargo, el hecho que te obliga a parar, a respirar, y a nada más, cada día lo amo más, aunque la simplicidad de ese proceso siempre me sedujo. Después de años haciendo fotografía, he llegado a la conclusión que con mi cámara ese “nada” se convierte en todo: en escuchar, en mirar y en ver. Escuchar qué tiene que decirme la Naturaleza, introducirme en su vientre, saborearla, amarla, sentir estar en el mundo y confundirte con él. En definitiva, entender el silencio como el marco que posibilita el encuentro conmigo misma.

Sí, la fotografía ha sido el canal que me ha permitido encontrar ese silencio, quizá todo empezó en aquellas primeras salidas por esos caminos perdidos del mundo, y aunque la pretensión era mucho más simple, se fue gestando ese amor al silencio del todo. Me sería imposible crear sin él, hay algo que me llama, y aunque desconozco si me condujo directamente a la fotografía, o si por el contrario, hacer fotos me enseñó a amarlo, hoy no concibo lo uno sin lo otro. En cualquier caso, de lo que no tengo duda, es que todo se debe al profundo amor y respeto que profeso a la Naturaleza, a la quietud y sosiego que me despierta.
En esta relación creada, es muy difícil que mi mirada no sucumba a tal hecho, o que se vea claramente influenciado mi trabajo.



Partiendo de que el silencio no existe, y por tanto, lo que llamamos silencio es una representación del él, el silencio no es calmado, ni es prudente, ni aburrido, ni mucho menos discreto, ni siquiera creo que sea callado, pero sí, es capaz de significar.



No hay pausa que no cuente algo, no hay silencio que no exprese algo...


Definirlo en una imagen no es tarea fácil, pues no se ve, pero sí lo podemos percibir y sentir, ahí radica no solo el paradigma, sino la magia de la fotografía. Intento inducirlo a través de elementos y conceptos visuales, como la niebla, el vacío, la oscuridad, la soledad, el minimalismo o, la propia ambigüedad narrativa.
No solo pretendo plasmar, imponer o provocar silencio, sino que busco el silencio narrativo, dejando a veces al observador, la responsabilidad de crearlo. Busco hacer imágenes que aún revelan un mundo en silencio, pero también otras que te sumergen en una quietud calmada, dentro de un mundo con demasiado ruido.

Hoy sé, que entre la calma que me ofrece la Naturaleza y la introspección humana, que entre la realidad y el sueño, el silencio campa a sus anchas... O quizá es mucho más simple, y tan solo busco un trocito de mundo donde introducirme en su silencio....
Al fin y al cabo, qué es una fotografía, sino un silencio lleno de contenido, y sobre todo de significado.
María Tudela

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